De la pasión a la ternura

 

Desgraciadamente, existe una creencia muy extendida en la población que habla sobre lo maravilloso del enamoramiento y de la pasión que le acompaña, en contraposición a lo aburrida y monótona que resulta la vida en pareja una vez transcurrido este periodo inicial.

En primer lugar, deberíamos entender que aun a pesar de ser similares, estamos hablando de dos situaciones completamente distintas, en las que intervienen diferentes tipos de hormonas.

El enamoramiento es un proceso bioquímico que se origina en el cerebro cuando se produce la feniletilamina, que es un compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas. Esta es la explicación de la excitación y alteración de los enamorados: están totalmente drogados por sus hormonas.

Seguidamente, el cerebro segregará la dopamina, la noreprinefrina y la oxitocina; esta última será la encargada de crear el vínculo. Sin la intervención de la oxitocina, nos resulta imposible establecer ningún tipo de vínculo emocional: el de una madre con su hijo, el de las parejas, incluso las relaciones de amistad se establecen también gracias a ella.

Poco a poco, las anfetaminas naturales que notamos durante el enamoramiento se van debilitando para dar paso a otra avalancha de hormonas que abren un nuevo proceso en la relación: las endorfinas (similares a los opiáceos), que nos proporcionan un amor más sosegado, siendo este un sentimiento de paz, seguridad y comodidad.

Este cambio que sufre nuestro cuerpo a nivel hormonal hace que pasemos de un estado de euforia a uno más relajado. De la pasión desenfrenada vamos, poco a poco, transitando hacia un estado de ternura mucho más calmado.

La ternura es el estado del amor duradero y aquí se invierten los papeles. Si durante el enamoramiento era la química quien mandaba por encima de todo lo demás, si era ella la que controlaba nuestros sentidos, cuando este fogonazo inicial se calma, es la constancia quien toma el relevo.

El amor exige un cierto trabajo, un cuidar de la relación, un estar por el otro. Buscar los objetivos y proyectos comunes, invertir tiempo juntos y favorecer la convivencia, entre otros aspectos, será lo que propicie la química y no al revés, como sucedía antes.

Las relaciones sexuales tras el periodo de enamoramiento no tienen porque menguar, simplemente cambia el estímulo que las propicia. Si tras el enamoramiento esperamos que las ansias nos sigan acometiendo como un devastador tsunami, nos equivocamos: el amor es un oleaje, un suave y constante oleaje.

Apreciar lo bueno de cada etapa es lo que nos proporciona una vida de bienestar, querer sentir siempre una misma emoción es una inmadurez propia de nuestro tiempo.

Vivir siempre inmersos en la vorágine de la pasión puede ser muy excitante y estimulante pero, al mismo tiempo, muy estresante y agotador. La calma tras la tormenta es necesaria y sumamente agradable. Nadar en aguas tranquilas propicia experiencias maravillosas.

Surfea cuando el mar este quebrado y nada cuando este en calma. Aprovecha cada momento. Vivir en el pasado o proyectarnos en el futuro sigue siendo lo que nos impide disfrutar del tiempo presente.

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