Culpa vs responsabilidad

 ¡Me pones de los nervios!!

¿Cuántas veces habrás dicho esta frase o cualquier otra similar?

La verdad es que yo, muchas, incontables veces.

Cada vez que tu pareja se retrasa y se le olvida llamarte. Cuando tu mujer se tira media hora para elegir unos dichosos zapatos que ponerse. Cada vez que uno de tus hijos deja las zapatillas tiradas en cualquier lado. Cuando alguno de “ellos” se olvida de bajar la tapa del inodoro, de cerrar la puerta del baño, de… Cuando el jefe te encarga la peor tarea…

Da igual el motivo, siempre es algo que hacen los demás y por su culpa tú te sientes [email protected], [email protected], [email protected] Hacemos responsable al otro de lo que a nosotros nos sucede.

Nos sentimos agredidos por las actuaciones de los que nos rodean, damos por sentado que el mundo debe adaptarse a nuestros deseos, nuestras necesidades, a nuestras exigencias, al fin y al cabo. Y olvidamos de que en esta relación, en esta situación, intervienen dos y este segundo, al que no identifico como parte activa del conflicto, soy YO mismo.

El sufrimiento ante ciertas circunstancias de la vida aparece cuando no nos hacemos responsables de la experiencia en toda su magnitud.

Tenemos una idea subjetiva (aunque la revistamos de lógica, y la tachemos de “socialmente establecida”) sobre cómo deben ser las cosas, y aplicamos este rasero a nuestro entorno. Sin darnos cuenta de que esa es solo nuestra apreciación que viene dada tanto por nuestros deseos como por nuestras carencias.

Si a mí me gusta la casa recogida, creo que todos deben recogerla. Si alguien se retrasa, tiene la obligación de avisar ya que, si no, es un desconsiderado. Si somos pareja, debemos estar siempre juntos; si no preguntas mi opinión, eres un egoísta, si…si…si…. Condiciones, condicionantes. Leyes que imponemos sin saber, sin que nos importe si el otro está de acuerdo, si el otro sabe lo que me pasa…

Y me dirás: pero… ¡si es lógico!

Pues no: es habitual hacerlo, aunque la lógica no debería intervenir aquí para nada.

Cuando pasa esto, no estoy hablando sobre mí, sobre lo que siento con respecto a lo que haces o dices; lo que hago es acusarte de que lo que estás haciendo no es lo que a me conviene para que YO me sienta bien.

En lugar de hacernos cargo de nuestra experiencia, nos pasamos la vida intentando transformar al mundo para que se nos adapte. Eso es una manipulación, que no hace más que perpetuar nuestro malestar.

Si escoges cualquier situación de las que te molestan y preguntas a otras personas lo que sienten en las mismas circunstancias, encontraras opiniones de todo tipo: algunas como tú se sentirán afectadas, a otras les será indiferente, a otras incluso les parecerá normal…  Esto quiere decir, que la acción o situación por sí misma no implica malestar. Es como tú la encajas; la interpretación que le das es lo que te hace estar mal.

La terapia Gestalt ayuda al individuo a hacerse responsable de su experiencia. Lo ayuda a darse cuenta de cuál es la emoción que lo embarga cada vez que se enfrenta a determinadas situaciones o personas. A aceptar que se siente así, entregarse plenamente a la sensación, a la emoción y trabajar esto que es suyo.

El “otro”, ese del que nos solemos quejar por sus acciones u omisiones, tendrá sus asuntos; pero esos no son los que a ti te duelen, los que te molestan; los que te alteran y hieren son los tuyos propios.

Suelen ser heridas que sufrimos en la infancia, situaciones que no supimos solucionar de manera satisfactoria y vamos arrastrando toda la vida como la cola de una novia.

Y no se trata de buscar culpables en el pasado, se trata de solucionar el cómo vivo en el presente.

Desde la Gestalt se habla de responsabilidad, nunca de culpabilidad, ya que todos hacemos lo que podemos, como podemos. Eso no nos hace verdugos y mucho menos víctimas. Simplemente personas que reaccionan.

Cada vez que nos sentimos atacados, reaccionamos. Y solo nos sentimos así porque hay una herida abierta en nuestro interior donde encaja como un guante esa acción, palabra o situación.

Del mismo modo que frases como la del título son reacciones automáticas en ti, ese “otro” al que tú consideras “el agresor” tiene también sus reacciones automáticas de las que también es responsable, pero no culpable. Cada uno camina por la vida con sus heridas de guerra y de lo que se trata es de ir sanándolas, no de echarles sal.

Yo sano las mías, tu sanas las tuyas y cuando nos encontramos, sanamos las nuestras (1)

(1) Adaptación muy, muy libre de la oración gestáltica

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en concreto puedes contactar conmigo por teléfono o correo electrónico.