Historia saturada del problema.

Siguiendo el hilo del artículo en que hablaba sobre la Narrativa, la Historia saturada del problema sería, a raíz de la obsesión que un conflicto nos crea, cómo nos resulta casi imposible prestar atención a cualquier otra circunstancia de nuestra vida que no sea el “conflicto” en sí mismo.

Es tal la obsesión que somos incapaces de ver más allá del problema y todo lo que él nos comporta. Sería un claro ejemplo de como “nuestra narrativa” nos impide salirnos o apreciar el resto de aspectos que inundan nuestra cotidianeidad.

De algún modo, nuestra atención y memoria se vuelven extremadamente selectivas y sólo somos capaces de atender a la información que se ajusta a la historia dominante y, por tanto, a recoger únicamente aquello que la confirma, obviando, sin ser conscientes, esas circunstancias, situaciones o aspectos que no la fundamenten.

Una historia que nos describa negativamente tiende a configurar de forma desfavorable los pensamientos y la conducta. Cuanto más atendemos a los defectos y a la disfunción, estos adquieren más fuerza y más intratable se vuelve la parte “negativa”.

Los juicios, las sentencias, los veredictos, actúan como cadenas que no permiten ninguna otra visión y, de este modo, el cambio puede parecer imposible, pese a los enormes esfuerzos de la persona por modificar su conducta.

Para clarificar lo anterior, os explico un experimento que se realizó en la década de 1960 con perros:

Se ponía a los perros en unas jaulas cuyo suelo era de malla metálica. Cada jaula estaba dividida en dos compartimentos, separados por una barrera que tenía un agujero por el que podía pasar el perro. El experimento consistía en aplicar una ligera descarga eléctrica en uno de los lados de la jaula. Cuando esto ocurría, los perros se iban rápidamente al otro lado de la jaula, donde no se había aplicado ninguna descarga. En un momento dado, los investigadores aplicaban descargas eléctricas en ambos lados. Los perros iban y venían de un lado a otro de las jaulas, intentando escapar. Pasado un tiempo, al darse cuenta de que no había escapatoria posible, se tumbaban y dejaban de intentarlo. En ese momento, los investigadores dejaban de aplicar descargas en uno de los lados, esperando a ver cuándo los perros se daban cuenta. La mayoría de los perros no lo hicieron nunca: habían aprendido que era imposible escapar de las descargas, así que ¿para qué intentarlo?

Algunos perros insistieron, a pesar de la evidencia en contra, y descubrieron que las descargas habían desaparecido y, por tanto, se pudieron refugiar en ese lado y escapar de ellas.

Hay personas cuyas organizaciones mentales se basan en historias de imposibilidad y, por tanto, creen que no tienen ningún poder para cambiar las cosas, que sus problemas son persistentes, duraderos, invasivos e inevitables. Al dejar de intentar superar sus conflictos, estas ideas de imposibilidad se convierten en profecías autorrealizadas.

La terapia puede ayudar a demostrar lo erróneo de dichas ideas.

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en concreto puedes contactar conmigo por teléfono o correo electrónico.