Crisis

 

“Dificultad, aprieto, trance, apuro, conflicto, problema, dilema, escollo, vicisitud, transformación o cambio”.

Estas son algunas de las diferentes palabras con las que expresamos lo que es una CRISIS.

En el diccionario encontramos estos significados:

1-Una situación grave y difícil que pone en peligro la continuidad o el desarrollo de un proceso físico, histórico o espiritual.

2-Situación de inestabilidad en el desarrollo de determinado proceso.

Grave no significa ni horrible, ni insuperable; quiere decir que la situación es quizás dificultosa, importante o comprometida. Inestabilidad, por su parte, nos indica que no hay nada decidido, sólo estamos en una posición incierta, abierta a distintas opciones. Y a pesar de ello, y como en muchos otros casos (estrés por ejemplo), solemos darle al término de crisis una connotación nefasta, aunque realmente no hay nada en él que verdaderamente lo indique.

Los cambios entrañan riesgo, eso suele ser reconocido por todos. No sabemos lo que nos encontraremos al final del proceso, incluso existe la posibilidad de hallar algo no del todo agradable.

Aunque normalmente el peor peligro, lo que más tememos, es el proceso en sí. Ese “impasse” entre la antigua situación y la nueva.

Permanecer en esta “tierra de nadie” es lo que la mayoría de nosotros llevamos peor.

Toda crisis, todo cambio nos empuja a revisar nuestras creencias. Da igual si es una crisis financiera o espiritual; lo que nos está indicando es que “eso”, sea lo que sea: sistema económico, ideología, relación laboral, relación familiar…, falla, y ha dejado de funcionar. Es necesario buscar otra alternativa.

La mayoría de nosotros somos animales de costumbres y los cambios nos cuestan y más si son traumáticos, en el sentido de que nos vemos abocados a ellos por circunstancias que creemos ajenas.

Nos apoltronamos en las dinámicas. Por un lado nos aburrimos de este encallamiento, deseamos un golpe de varita que nos haga de nuevo sentir que estamos vivos, vibrantes, con energía. Y por el otro, nos da pereza el movilizarnos, el salir del atolladero y, hasta que resulta inevitable, no hacemos nada. Es entonces cuando la transición se convierte en “una crisis existencial” y, con esta frase, convertimos el cambio en algo pomposo y descomunal.

Tómate las crisis como lo que son: cambios, movimientos energéticos que te ayudan a revisar tu vida y te proporcionan la ocasión de hacer algo nuevo, diferente. Acepta la crisis como una oportunidad para mejorar.

No te lamentes, mira la parte positiva, que la tiene, y aprovéchala.

Como dice la Biblia:

“Lázaro, levántate y anda!” 

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