Energía Femenina.

 

¿Qué estamos haciendo las mujeres?

Las madres y abuelas de las mujeres de mi generación, se vieron obligadas por las circunstancias sociales (guerras, precariedad…) a ocuparse tanto de los hogares, de los maridos e hijos, como de trabajos asalariados. Nosotras, las mujeres de mediana edad, estamos inmersas en el mundo laboral por una cuestión ideológica más que económica, aunque esta segunda ha adquirido más importancia en estos últimos tiempos.

El movimiento feminista fue el detonante para que muchas mujeres oprimidas empezasen a levantar con orgullo la cabeza. Pero también ha contribuido a un sentimiento de infelicidad y de vergüenza para algunas, que no querían ejercer una profesión o no podían hacerlo por determinadas circunstancias.

Las mujeres hemos pasado de estar explotadas, a explotarnos nosotras mismas.

Actualmente, muchas mujeres, al igual que sus parejas, se ocupan de sus profesiones y, aunque cada vez hay más hombres que comparten las tareas de la casa y el cuidado de los hijos, estas funciones aún siguen recayendo prioritariamente en las mujeres, trabajen o no fuera del hogar.

Hemos recibido un legado cultural que nos impulsa a estudiar y a salir al mundo. Parece como que la mujer para realizarse tenga que profesionalizarse, ya que el ser “ama de casa y/o madre” no es suficiente.

Algunas, incluso, sacrificando la maternidad en beneficio de una profesión.

La emancipación nos liberó de unas cadenas para darnos otras. ¿Nos convirtió, quizás, en hombres que pueden parir?

Hemos dado más validez al trabajo fuera del hogar que al realizado dentro. Y no solo eso, sino que, a veces, nos hemos permitido juzgar y menospreciar a las mujeres que han optado por hacer de su profesión el cuidado de la casa, marido e hijos. En mi juventud las llamamos “marujas”, o incluso en el caso de las más afortunadas económicamente “mujeres florero”. Nos burlabamos de ellas y al mismo  tiempo las envidiamos por poder  “permitirse el lujo de estar en casa “.

No digo que haya opciones buenas o malas, la cuestión es: ¿Estamos satisfechas con lo que hacemos y cómo lo hacemos?

Estamos en una especie de lucha entre lo que debemos, podemos y queremos.

Cada cual debe elegir su camino y será maravilloso cuando llegue el día en que todas las mujeres (y hombres, naturalmente) del mundo puedan elegirlo libremente sin coacciones ni presiones sociales de ningún tipo.

Mientras tanto, podríamos replantearnos lo que estamos haciendo, cómo lo hacemos y desde el lugar en que lo hacemos. Quizás así,  entenderíamos lo que nos está sucediendo.

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en concreto puedes contactar conmigo por teléfono o correo electrónico.

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