Estoy bien de salud.

 

Me encontré hace unos días con un conocido, hacía tiempo que no nos veíamos y fue una grata sorpresa. Como la mayoría de la gente en estas circunstancias, los primeros intercambios verbales suelen abarcar todas las convenciones sociales establecidas: ¿qué tal?, ¿cómo estás?, ¿tu familia?, ¿el trabajo?…

En este caso concreto, le pregunté específicamente por su mujer, la cual tiempo atrás había estado seriamente enferma. Fue su respuesta la que me ha hecho reflexionar y escribir este post:

“Bien, muy bien; de salud está perfectamente, ahora de la cabeza…”

No es una frase inusual, cualquiera puede entender que la enfermedad física ha remitido, pero que su estado emocional no es del todo satisfactorio. Aunque, recapacitando sobre ello, vi mucho más allá de este simple significado.

El lenguaje es un vehículo mágico, que no sólo nos ayuda a mantener una mejor comunicación con nuestros semejantes, sino que expresa de manera inconsciente las opiniones, los sentimientos que albergamos sobre los diferentes aspectos, en definitiva, nuestras creencias o al menos con las que nos hemos criado y crecido. Desde la costumbre y el automatismo lo usamos sin percatarnos de si realmente estamos de acuerdo o no con aquello que decimos, reforzando, con la expresión, creencias o situaciones determinadas.

A pesar de que conscientemente sabemos que la salud abarca cualquier matiz de nuestro organismo, ya sea físico o mental, seguimos separando las enfermedades como físicas y psicológicas y, todavía más, dar como saludable nuestro estado por el aparente hecho de que a nivel corporal no haya síntomas disfuncionales aunque quizás sí los haya a nivel emocional y/o psicológico.

¿Cómo puede estar mi cuerpo saludable sino lo está mi mente? o ¿cuánto tiempo permanecerá saludable mi cuerpo si mi mente no lo está?

Todo lo que pensamos, lo que sentimos, aquello en que creemos configura no sólo nuestra manera de actuar sino también nuestra estructura. Somos barro en constante modelaje.

No creo en el pensamiento positivo, no estoy de acuerdo con aquellos que opinan que todo tiene solución favorable si ponemos nuestra intención en ello. Estoy convencida de que en la vida uno se encuentra con situaciones incómodas, desagradables incluso a veces terribles, que es imposible cambiar o alterar simplemente por pensar positivamente en su solución.

Sin embargo, sí creo que somos capaces de mejorar, o al menos de no empeorar más nuestro estado, si aprendemos a ser conscientes en cada momento de nuestros pensamientos, sentimientos y actos.

El lenguaje es nuestro ritual cotidiano, con él reafirmamos o desconfirmamos nuestras acciones, nuestras emociones. Nos damos fuerza o nos la quitamos. Nos equilibramos o nos segmentamos.

Si tomas conciencia de lo que realmente dices, no de lo que crees estar diciendo, puede que te sorprendas de lo que estás invocando.

¿Recuerdas aquella frase que dice: “cuidado con lo que deseas”? Hoy podríamos darle una nueva pero igual de interesante lectura: “Cuidado con lo que dices”, ya que puede entorpecerte la vida.

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en concreto puedes contactar conmigo por teléfono o correo electrónico.

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