Facebook, WhatsApp y otros.

Existe una gran mayoría de la población “enganchada” a su teléfono/Ipod/tablet, que anda casi tropezando por la calle, pues su mirada anda concentrada en el minúsculo aparato en vez de observando su entorno, además de haber alterado su modo de relacionarse con el resto del mundo, relegando casi al ostracismo el contacto directo con los humanos que les rodean, están añadiendo, posiblemente, una nueva problemática a sus vidas.

La comunicación en las relaciones humanas es uno de los aspectos, por no decir el ASPECTO, más difícil de nuestra vida.

El lenguaje es el medio que nos permite comunicarnos con el resto de nuestros congéneres, es la faceta que nos distingue de los demás seres vivos del planeta. Es la prueba fehaciente de nuestra diferencia, en absoluto de nuestra superioridad, simple y llanamente de nuestra particularidad.

Prioritariamente, es en el lenguaje verbal y escrito en el que se basa, aun así, no hay que olvidar el gran peso que el lenguaje corporal y no verbal tiene en la comprensión de los mensajes (ver El silencio es la forma más elocuente de mentir).

Muchas veces, ciertos temas deseamos tratarlos cara a cara, ya porque sea de forma plenamente consciente o a nivel intuitivo, sabemos que obtendremos más información sobre cómo el otro reacciona, con qué intención nos dice tal o cual cosa o incluso será más fácil que no nos malinterprete mirándonos a los ojos o viéndonos la postura mientras dialogamos.

El lenguaje escrito es el apropiado para facetas más funcionales, pues la arbitrariedad en este caso tiene poco peso a la hora de comprender lo que hay en juego.

De todos modos, según las circunstancias y ante la necesidad de conexión, vínculo o unión, como animales sociales que somos, nos abocamos a utilizar cualquier medio para relacionarnos y comunicarnos, ya sea oral o escrito.

Hasta aquí, no creo que haya grandes dudas ni discrepancias, el conflicto desde mi perspectiva aparece con la introducción de estos maravillosos aparatos y con el desenfrenado e indiscriminado uso que les estamos dando.

Muchas personas empiezan su relación a través de las redes sociales, buscan pareja desde las páginas de contactos y ahí puede establecerse primordialmente, aunque no exclusivamente, la confusión. El desconocimiento del otro nos puede llevar a malas interpretaciones, aunque muchas veces incluso conociéndonos también podemos llegar a dar a un texto una intención con la que no fue escrito.

Os pondré un ejemplo, ante una misma frase pueden darse varias interpretaciones, según la entonación, la mirada y la posición. Un sencillo “Me gustaría conocerte”, puede significar desde un simple encuentro, a una primera cita, a… os lo dejo a vuestra fantasía.

No existe la objetividad, no es posible una verdad absoluta sino simple y llanamente miles de subjetivas verdades y, aun sin pretenderlo, aun forzándonos por ser lo más objetivos y ecuánimes posible, nuestra única e individual interpretación es la que nos facilita en primera instancia la comprensión y desde ahí modelamos a nuestro interlocutor.

Le otorgamos características, intenciones y pensamientos según vamos interpretando desde nuestro sesgado y propio criterio todo aquello que nos escribe.

Cuántos berrinches y malos ratos he visto pasar a conocidos e incluso a algunos amigos porque creyeron ver en esa persona con la que chateaban a alguien afín.

No estoy insinuando que se mienta, aunque es posible, es algo más simple y no malintencionado. Ante una nueva relación, aun a pesar de querer evitarlo, nos creamos expectativas, lo hacemos tanto en relaciones de tú a tú como en las virtuales. Si ya es difícil conocerse realmente con el contacto directo, cómo no va a serlo online.

No estoy diciendo que no sea posible conocer a alguien virtualmente y acabar teniendo una buena relación de amistad o algo más. Simplemente opino y advierto, pues me he encontrado ya algunos casos en que nuestras expectativas, más la fantasía que nos proporciona la libre interpretación de un texto escrito lleno de emoticonos y de medias palabras nos puede llegar a jugar malas pasadas.

Personalmente, intento no olvidar nunca que:

Una acción vale más que mil palabras” y “Las palabras se las lleva el viento”.

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en concreto puedes contactar conmigo por teléfono o por correo electrónico

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