Madres: un asunto personal.

 

La maternidad es un asunto íntimo y personal.

Sí y no.

Sí es un asunto íntimo y personal:

Nadie puede, ni debe, obligar a la pareja o a alguno de sus miembros a tener descendencia. Es una decisión demasiado importante como para ser tomada a la ligera.

Todas las decisiones y acciones de nuestra vida nos afectan desde el momento en que son tomadas y marcan nuestro futuro, además de que pueden afectar la vida de otros seres humanos. En este caso, el condicional da paso a una realidad: esta decisión marca el nacimiento de una nueva vida y durante bastante tiempo nuestra influencia en ella.

¿De quién es la decisión última de tener o no un hijo?: ¿de la madre?, ¿de ambos?

Este ha sido uno de los grandes dilemas y la revolución feminista tuvo un gran peso en su dilucidación: “mi cuerpo es mío”, por lo tanto, muchas mujeres tomaron la decisión de “mi embarazo es mío”.

Si hasta ahora habíamos cargado a la mujer con todas las responsabilidades (crianza, conciliación laboral y familiar, educación…) no es extraño que, en compensación, también fuese ella la que quisiera decidir “si hipoteca o no su vida”, ya que, además de los cambios físicos y emocionales que conlleva un embarazo (pasar por un parto o abandonar el mercado laboral durante cierto tiempo, con las secuelas profesionales que eso suele acarrear) sabía que, pasase lo que pasase, es decir, acompañada o sola, seria ella quien debía hacerse cargo de la situación. No es sorprendente, pues, que quisieran ser ellas las que decidiesen en última instancia. Afortunadamente cada vez más esta forma de funcionar está cambiando y dando paso a una relación más igualitaria entre las parejas.

No es sólo un asunto íntimo y personal:

Esta sería la otra parte de la ecuación. Tener hijos es un asunto social porque tiene que ver con la continuidad de la humanidad como especie. La maternidad no es un problema estrictamente personal porque se trata de una actividad que aporta al conjunto social los recursos clave para su subsistencia, es decir, los recursos humanos, sin los cuales no podríamos garantizar la reproducción y continuidad de la sociedad.

Las mujeres trabajadoras son socialmente las más productivas, no sólo colaboran en el mercado laboral con su trabajo profesional, sino que, además, llevan a cabo un segundo trabajo en el seno familiar: la crianza y educación de los hijos.

Si la sociedad se tomara más en serio esta segunda labor, habría más servicios para las madres trabajadoras, más guarderías y apoyos para impulsar sus carreras profesionales, lo que redundaría en un “maternaje” más feliz y menos estresante.

Cuando la sociedad valore más el trabajo de la crianza de los hijos e hijas, las madres trabajadoras podrán llevar una vida equilibrada sin tener que pagar los altos costos personales que muchas siguen pagando en la actualidad.

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en concreto puedes contactar conmigo por teléfono o correo electrónico.

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