El silencio es la forma más elocuente de mentir.

He tomado prestada esta frase de una canción (“Tu silencio” de Bebe) para reflexionar sobre el silencio como parte de la comunicación.

Muchas personas tienen la idea de que permanecer en silencio es una forma de no participar, de mantenerse al margen y de no manifestar sus intenciones sobre el asunto tratado. Y aunque en parte es cierto, olvidan que esta ausencia de compromiso es información y que, con ella, están mostrándose ante los que les rodean.

Tal como dice la canción, el silencio puede ser la forma más elocuente de mentir, ya que podemos interpretarlo como una manera de otorgar la razón, aunque también puede ser una negación encubierta y, como no, una señal de indecisión y duda sobre el tema tratado

Entonces, ¿cómo podemos interpretar el silencio? Y lo que es peor, ¿qué nos hace interpretarlo de una u otra manera?

Permitidme que haga un pequeño repaso sobre lo que es la comunicación.

La comunicación es el acto mediante el que un individuo establece con otro un contacto que le permite transmitir información.

La comunicación depende de tres cosas: lo que digo, cómo lo digo y mi postura o expresión corporal. La palabra va dirigida a la razón, a la mente. El cómo, al corazón, es la emoción y la postura es la acción. La congruencia de las tres dará veracidad a la información.

De la misma manera que no sólo hay un canal de comunicación, tampoco hay una única manera de escuchar o un único mensaje en una conversación.

Escuchar no sólo es hacerlo con los oídos, también es sentir. Utilizamos todos los sentidos para completar la información que recibimos con el lenguaje.

Escuchar con los sentidos:

Oídos: Palabras, tono de voz, timbre, potencia de voz, emoción…

Ojos: Gestos, movimientos, miradas, respiración…

Tacto: Rigidez, relajación…

Gusto: Mal sabor de boca con la presencia de alguien…

Olfato: Transpiración, nervios, feromonas…

¡De cuántas maneras escuchamos y qué poca atención prestamos la mayoría de las veces!

Hay personas que interpretan las preguntas como acusaciones, no como recogida de información y, como no, hay quien interroga en lugar de pedir información. Otros pueden interpretar un consejo como una orden o viceversa.

Algunos de nosotros tenemos como programas internos que nos hacen recordar sólo parte de lo que oímos. Quien busca críticas, las oirá por todos lados. Para quien quiere oír opiniones favorables, las críticas pueden pasarle desapercibidas. De algún modo nos especializamos en escuchar lo que “queremos”.

Sí, oigo a alguno de vosotros decir: “no es que quiera oírlo, es que lo oigo”. Claro que lo oímos, porque de algún modo estamos esperando encontrar “justo ese mensaje y no otro”

Esta es una de las razones por las que podemos interpretar de una u otra forma la información que nos llega y el silencio no es más que una más de estas formas de comunicarnos.

Si empezamos a prestar más atención a todos nuestros sentidos, aprenderemos a detectar o hacer más caso de esas sensaciones que nos indican que “algo no cuadra”, sea silencio, sea palabra, sea expresión.

Ante la duda, pregunta. Las interpretaciones suelen llevar a confusión y a malos entendidos, mientras que las aclaraciones pueden no gustar, pero gracias a ellas sabremos a qué atenernos.

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en concreto puedes contactar conmigo por teléfono o correo electrónico.