¿Qué son y cómo afectan las Polaridades a nuestras relaciones?

 

Desde niños aprendemos que hay cosas buenas y otras malas, y que existe un único criterio que determina lo que pertenece a cada categoría, para todos y en todas las ocasiones.

Actuar desde un punto de vista moral desde el cual lo bueno es siempre aceptable y deseable, y lo malo inaceptable y repudiado, nos ocasiona múltiples conflictos.

Debemos aceptar que no existe una realidad objetiva; hay miles de realidades subjetivas y, lo que en un momento dado y para una persona en concreto puede ser “bueno” o adecuado, es totalmente “malo” o inadecuado para otra.

Las polaridades son estos extremos que existen en la vida. Son los puntos más distantes de una misma situación. Es la regla que usamos para medir las circunstancias, las personas; es nuestro modo de clasificar; pues el ser humano tiene tendencia a etiquetarlo todo.

Nos hemos acostumbrado a escoger uno de estos extremos según el caso, dándole un valor ético, convirtiéndolo así en modelo a seguir y, por lo tanto, relegando el otro a un segundo puesto desagradable y oscuro.

“Lo bueno” sale a la luz, “lo malo” se esconde. “Lo bueno” se hace, “lo malo” no.

Todos tenemos de todo, aunque nos resistimos y lo obviamos. Ésta negación nos acarrea conflictos.

La noche sucede al día y no por eso es mejor ni peor. El frío es la ausencia de calor y lo aceptamos por evidente. La oscuridad y la luz son las diferentes caras de una misma moneda. Lo que todas estas parejas tienen en común es que la existencia de cada uno de sus miembros es impensable por separado.

Así son las polaridades humanas, si no existe un comportamiento malo, inaceptable o desagradable para mí en un momento dado, no puede existir en contraposición uno bueno, aceptable o agradable.

Puedo haber actuado desde mi punto de vista correctamente, pues eso era lo que yo necesitaba y quería, siendo al mismo tiempo un egoísta según la visión de otra persona a la que no le satisface mi comportamiento.

¿Quién tiene razón?

No sé trata de razones, se trata de sentimientos y estos no tienen una solución lógica ni una relación causa/efecto. Sólo hablando, y no siempre, se puede llegar a un acuerdo. Compartir las emociones, los sentimientos y las necesidades es la única manera que conozco de poder entenderse, olvidando de una vez todo criterio moral y estigmatizante.

Nadie es ángel sin ser demonio, ni nadie es demonio sin tener un ángel.

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en concreto puedes contactar conmigo por teléfono o correo electrónico.