Relaciones con los hijos

¿Cómo entendemos qué es ser responsable?

Habitualmente solemos hacerlo como una obligación hacia un hecho o una persona.

Actuar desde el deber nos obliga a intervenir en situaciones o tomar decisiones que le corresponden a otro; también a arrastrar sentimientos de culpabilidad o de rabia cuando la situación no cumple nuestras expectativas.

Cuando somos padres, la situación es evidente. Tenemos la responsabilidad de velar y nutrir a nuestros hijos, ya que durante años dependen de nosotros. Hemos de proporcionarles “todo lo necesario” para su subsistencia.

Este dar “todo lo necesario” es lo que nos lleva al conflicto: nos hace creer omnipotentes, que su futuro, que el “cómo” son, depende de nosotros y que tenemos en contrapartida derecho a pedir (ya que lo hacemos todo por su bien) que actúen y sean como nosotros queremos.

Olvidamos que esta responsabilidad no es una obligación, es una elección. Nosotros hemos querido ser padres, incluso, los que dicen que no. En su momento tomaron una decisión, hicieron una elección: escogieron seguir adelante.

Regalar es elegir dar algo a alguien y no implica devolución o intercambio alguno. Es un acto gratuito, generoso, desinteresado. Elegimos tener hijos, les hemos regalado la vida y nos hacemos responsables de ellos durante el tiempo que lo necesiten, pero no podemos ni debemos hacerles pagar peaje por ello.

También olvidamos que nuestros hijos son individuos con necesidades, sentimientos e intereses, ajenos a los nuestros. No son escisiones, sino descendientes (del latín descendĕre: derivar de, bajar de), proceden de nosotros pero no son partes nuestras.

Tanto mirar hacia ellos, dejamos de ver. Tenemos una idea de cómo deben ser y vamos en su búsqueda, ciegos a cómo son realmente y a cómo podemos ayudarles.

Y lo que es más grave y repercute en todos, es el olvido de nosotros mismos. Dejamos de ver lo que hacemos, lo que queremos, lo que ocasionamos. En lugar de hacer camino juntos, convertimos este tiempo con nuestros hijos en una carrera de obstáculos.

Hay veces que queremos que hagan algo y no nos damos cuenta de que se lo ponemos muy difícil con nuestra actuación. Nuestro “velar” (velar1: (Del lat. Vigilāre. Observar atentamente algo) por ellos, se convierte en una venda que nos tapa los ojos y nos impide darnos cuenta de cómo nuestra intervención o, por el contrario, nuestra omisión crea en su actitud el efecto contrario al deseado.

Para intentar conseguir una buena relación, tanto con nuestros hijos como en general, deberíamos tener en cuenta ciertos aspectos:

1 – Reconocimiento y aceptación, tanto de los propios sentimientos y pensamientos como de los del otro.

2 – ¿Qué quiero y a quién beneficia?

3 – ¿Cómo pienso conseguirlo?

4 – ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar para lograrlo?

5 – ¿Qué pasa si no lo consigo?

La respuesta a estas preguntas nos lleva a darnos cuenta de que la mejor manera de relacionarnos es:

Siendo flexibles, Respetuosos y Justos

Nuestra forma de relacionarnos marca mucho más la relación de lo que pensamos. No debemos actuar desde el “tengo que” sino desde el “quiero” y aceptar que el otro, sea quien sea, tiene el mismo derecho que yo a “querer”. Desde este lugar de igualdad y de aceptación de lo que hago y cómo lo hago, es más fácil llegar a un entendimiento.

Pero debemos ser realistas y aceptar que quizás nuestros hijos, como seres humanos independientes y pese a nuestras buenas intenciones y actuaciones, acaben haciendo, siendo o teniendo, problemas que no les deseamos.

Si esto sucede, y hemos conseguido aceptar la responsabilidad como lo que verdaderamente es, la capacidad de ser consciente de lo que hago en cada momento desde la aceptación y no desde la carga, es posible que la situación sea algo menos traumática.

Ya que, en la vida, no es todo como quisiéramos, ES COMO ES.

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en concreto puedes contactar conmigo por teléfono o correo electrónico.

 

 

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