Tenía una clienta que sufría constantemente de ataques muy virulentos de herpes y, en cada ocasión, se presentaba ante mí con la frase: “Me he brotado de nuevo”.
Aunque parezca extraño, considero que esta es la mejor manera de expresar la situación. Tal como he indicado en otras ocasiones (ver “Enfermedades, físicas, psíquicas o psicosomáticas”, “El cuerpo grita lo que la boca calla”, “Enfermedades alertas del cuerpo”, “El cuerpo el eterno olvidado”), no creo en la distinción que se hace de las enfermedades, la clasificación en físicas y psíquicas la considero totalmente inadecuada. Decir “me brotó el herpes” es como decir “tengo cabeza”, como si existiese la posibilidad humana de subsistencia sin la misma. Mi organismo consta de cabeza, corazón, estómago… Bien es cierto que puedo tener uno o dos pies, incluso un solo riñón o sufrir la extirpación del útero u otros órganos, pero sin algunos de ellos dejo totalmente de existir.
Opino que decir “me brotó el herpes” es como quien habla de los geranios de su balcón o de los rosales de su jardín. Si bien es cierto que puedo cuidarlos, abonarlos y favorecer su desarrollo, son algo ajeno a mí, mientras que cualquier dolencia es, temporal o permanentemente, algo mío, que emana y se desarrolla desde mí, como mis uñas o mi pelo. Por tanto, considero apropiada la personalización, ya que no todo el mundo que entra en contacto con una enfermedad la desarrolla, por lo tanto, hay algo en mí que favorece su arraigamiento, que la hace parte de mi organismo.
La apropiación, la responsabilidad de asumir que soy yo la que me he brotado, me da fuerza para afrontar la recuperación, me da poder en la resolución del conflicto; me ofrece una capacidad de determinación que me quita el “me brotó herpes de nuevo”, donde le estaría dando al virus la total capacidad de hacer y deshacer en mi persona.
El herpes es una enfermedad infecciosa inflamatoria de tipo vírico, que se caracteriza por la aparición de lesiones cutáneas formadas por pequeñas vesículas agrupadas en racimo y rodeadas de un halo rojo. Hay varios tipos de herpes: labial, genital y el herpes zóster, que lo causa el mismo virus de la varicela y puede contagiarse del mismo modo. En definitiva, es una dolencia de la piel en la que el virus permanece en el organismo durante el resto de la vida del individuo y, según los médicos alopáticos, no se sabe con certeza que ocasiona las sucesivas recidivas.
¿Qué hace que en concreto yo decida añadir a mi “bagaje” este virus?, ¿cómo favorezco su florecimiento? y, sobre todo, ¿qué está intentando decir mi organismo al hacerlo?
La piel tiene dos funciones, por un lado es una frontera que separa nuestros órganos internos del mundo exterior pero, al tiempo, con ella entramos en contacto con todo lo que externamente nos rodea, sean seres vivos u objetos.
La piel no sólo muestra al exterior nuestro estado orgánico interno sino que en ella y por ella se muestran también todos nuestros procesos y reacciones psíquicos (una persona se pone roja de vergüenza y blanca de susto, por ejemplo).
En las erupciones, algo atraviesa la piel, queriendo salir de nuestro interior hacia el mundo, algo que queremos expulsar, hacer o decir y, sin embargo, no nos atrevemos. En definitiva, algo que esta reprimido desea salir a la luz. La función de la piel es transpirar y desintoxicar las cosas interiores que salen. Cuanto más relajado estás, menos problemas tienes en la piel.
Según Eric Rolf, en su libro “La medicina del alma”, el herpes:
“Simboliza sentir desgarraduras internas y falta de paz interior. No estar en conexión con tus sentimientos, emociones y deseos íntimos. También relacionado con tu visión de las cosas materiales y del mundo material en general, sintiendo su desconexión con tus ideas y creencias. Fantasías negativas sobre el mundo”
Y Christian Flèche, en “El cuerpo como herramienta de curación” nos dice:
“La piel: está formada por tres capas. La epidermis, la capa más superficial, afectada por los conflictos de separación (eczema, soriasis). La dermis, que contiene la melanina; conflictos de deshonra, de ataques a la integridad. La hipodermis: desvalorización estética (acné, lipomas)”.
En definitiva, lo que estamos reprimiendo a nivel consciente lo somatizamos a causa de la necesidad de que emerja al exterior.
Como decía el doctor Bach: “La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma” y “El cuerpo grita lo que la boca calla”.
Fotografía cedida por mi amiga Anna Arroyo. Gràcies.