Energías: Femenina/Masculina

Empieza a estar claro para todos que cualquier ser humano, sea cual sea su género, posee tanto energía masculina  como femenina.

La fuerza masculina es la que nos lleva a la acción, la que nos hace salir al mundo. Mientras que la femenina es la pasividad, la ayuda, la asistencia. Una es luchadora, fuerte; la otra es tierna, cálida.

Es una manera muy simple de explicarlo.

Una es la que va a por lo que necesitamos, la que nos “da”; la otra la que “recibe”, la que nos cuida, la que gestiona eso que nos ha sido dado.

Vivimos desde hace siglos en una sociedad patriarcal (prioridad de la fuerza masculina) y ahora empezamos a darnos cuenta de las deficiencias que arrastramos por haber relegado a un segundo plano a la fuerza femenina.

A través de los siglos se ha asociado masculinidad a hombre, hombre con poder, y por tanto, poder con masculinidad. Paralelamente, feminidad con mujer, mujer con sumisión y ésta con feminidad. Se han confundido los géneros con sus acciones y con las energías…

El hombre era el que se iba de la tribu para cazar mientras la mujer se quedaba al cuidado de la cueva, trabajaba las pieles y cuidaba de los niños. Ahora todos salimos a “cazar”. Todos proveemos el hogar, todos traemos el alimento.

La necesidad de igualdad como opción viable contra la sumisión, nos ha proyectado a las mujeres hacia el mundo, una cualidad ancestralmente masculina.

¿Quién nos cuida y vela ahora que todos estamos fuera?

No tenemos tiempo; nuestros hijos crecen al cuidado de los abuelos en el mejor de los casos; nuestra casa se ha convertido muchas veces en un lugar de paso donde sólo vamos a dormir.

Si queremos vivir en este tipo de sociedad del “bienestar”, si creemos necesario mantener el consumo al que nos empuja, no podemos rebajar nuestro nivel de implicación en el mundo laboral.  Estar en ella en estas condiciones no nos permite dejar de trabajar para cuidar de los nuestros, pero siempre podemos tomar conciencia de la situación y actuar en consecuencia, desde donde queramos y podamos.

Cada uno de nosotros debe explorar estas energías en sí mismo, darles validez e intentar compensarlas.

Empieza a ser hora de entender que ninguna de las dos es más importante; ambas son necesarias e imprescindibles para la salud. Es el momento de que vayamos dándole el espacio suficiente a cada una para que nuestra vida y la de nuestros hijos sea más satisfactoria. Ellos son el futuro y aprenderán de nuestro ejemplo.

Las revoluciones han intentado cambiar la sociedad, aunque quizás la vía más eficaz para conseguirlo sean los movimientos individuales.

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