Yo soy.

 

El otro día, mientras viajaba en el metro, escuchaba la conversación que mantenían dos muchachas. En un momento dado, una le preguntó a la otra:

-“Y tú, ¿de qué haces?”

– “Soy masajista”- le respondió.

“Soy”, primera persona del presente de indicativo del verbo SER que, por si no lo has buscado nunca, tiene un motón de entradas en el diccionario de la Real Academia Española. A veces “me comporto” como una niña y me sorprendo con cualquier cosa (podría escribir “soy”, pero si sigues leyendo compartirás mi opinión sobre que no sería lo más acertado).

Soy”, como si el sustantivo o el adjetivo que seguirán a continuación pudiesen abarcar todo aquello que configura la esencia de un ser humano concreto. ¿Si “soy esto”, quiere decir que “no soy lo otro”?

Definir nuestro trabajo desde este “yo soy” comporta que un oficio o una acción pudieran abarcar totalmente toda nuestra dimensión.

Yo trabajo de acompañante de enfoque gestáltico, pero también lo he hecho de maestra, de gerocultora, de cocinera… También hago de madre, de amiga, de vecina…

He tenido trabajos, tengo pensamientos y sentimientos y a pesar de que ellos me configuran no soy eso: soy todo eso y mucho más.

Hace poco hablaba en otra entrada sobre la idea del lenguaje como ritual (ver “Estoy bien de salud”). Vuelvo a incidir aquí en esta visión, esta impresión sobre la magia o el maleficio que supone hablar de determinada manera, de definir de modo concluyente aspectos concretos, en este caso, definirnos de manera cerrada y fija como “Soy”.

¿Qué pasa entonces cuando dejo de hacer  “eso”? ¿Dejo entonces de “ser”?

¿Qué quiere decir “Soy”?

Todas las acepciones del verbo “Ser” son limitantes. Su esencia como concepto es partidista, su uso configura una elección o al menos nos adhiere a una opción. Su aplicación excluye cualquier otra alternativa posible. Es la identificación con una polaridad implicando la existencia como tal. Simboliza posesión, pertenencia, definición.

Todas las personas que nos movemos dentro del campo del crecimiento personal nos damos cuenta, en un momento dado de nuestro proceso, de que definirnos desde este “Soy” resulta realmente condicionante. Lo que en una época de nuestra vida aparentemente nos podía haber definido, a la mañana siguiente puede estar completamente desfasado. Que ese aspecto que creíamos era “nuestra esencia más propia”, no deja de ser ni más ni menos que una cara más de nuestra forma de mostrarnos; simplemente una faceta entre otras tantas, quizás la emergente, la que hacemos visible dadas las circunstancias, la costumbre o el patrón de comportamiento, pero aun así, no es la única posible.

Personalmente, intento no utilizar este verbo, dejé de intentar definirme hace ya bastante tiempo.

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