Insomnio

 

Decidí hacer este post anoche, a las 3 de la madrugada, cuando me di perfecta cuenta de que no iba a dormir, al menos durante unas cuantas horas más.

¿Por qué no duermo?          

Este es el primer pensamiento que me aparece tras llevar varias horas dando vueltas en la cama. Luego, empiezo a cuestionarme lo que ha pasado durante el día, las circunstancias que me han rodeado, cómo he resuelto algunas y si me  persiguen las inconclusas.

Pienso en la familia, en mis hijos, en todo lo que sé de ellos y hasta qué punto me siento intranquila o no con sus situaciones. En la cena, si quizás era indigesta (¿una ensalada variada con huevo duro?, ¡por favor!). Retomo la última acción de antes de irme a la cama y rememoro la sensación que tenía al hacerla.

Nada, definitivamente no encuentro ninguna razón que me indique por qué no puedo dormir.

Respira, Teresa, respira.

Por fin decido aplicarme lo que tanto repito: dejarme de pensamientos y centrarme en la respiración. Es en este momento cuando me doy cuenta: simple y llanamente no tengo sueño. No hay más, no estoy cansada y, a pesar de ser una hora intempestiva (¿para quién y para qué?), no tengo sueño. ¿Por qué entonces me preocupo?

Nuestra vida está llena de rutinas, de normas más o menos establecidas que nos obligamos a cumplir al margen de las verdaderas necesidades y deseos. Levantarse, comer, cenar, hacer esto o aquello; según la familia, según las sociedades, se hace con un horario y siguiendo unos rituales determinados. Yo soy de aquellas que, aún hoy, sigo no pudiendo salir de casa o acostarme si antes no he ido al baño; era una de las obsesiones de mi madre y mi abuela y sigo sin poder desprenderme totalmente de ella. Es decir, ahora es una de mis “costumbres”, aunque conseguí no grabarla a hierro y fuego en mis hijos; ellos, afortunadamente, van sólo si lo necesitan.

Tengo la creencia de que a las 3 de la madrugada debo dormir, este es el gran quid de la cuestión, este DEBO negro y mayúsculo que acaba de aparecerme. ¿Quién dijo que DEBO y cuál es la razón por la que DEBO?

Como todos los DEBO de nuestra vida, forma parte de ese gran elenco de introyectos (creencias) con el que nos ha nutrido la familia, la escuela y la sociedad en general.

Está más que claro que ahora, en mi edad adulta, soy yo la que lo dice; he de ser responsable y aceptarlo. Pero ¿realmente creo que es necesario y vital que sea así? Esta es realmente la única pregunta importante esta noche: ¿hasta qué punto he de seguir obsesionándome por unas necesidades impuestas en lugar de dejarme llevar por mis verdaderas necesidades?

El insomnio puede tener muchos orígenes y en muchos de nosotros puede ser un problema, únicamente, si nos obsesionamos por esta ausencia de sueño creyendo que es algo ilógico e insano.

He tenido tres hijos, la primera fue un bebé que dormía cual feliz marmota durante todas las horas del día y de la noche; aún hoy le sigue gustando dormir El segundo, hacía una larga y hermosa siesta durante el día y dormía feliz toda la noche; actualmente, cuando ha dormido sus aproximadamente 8 horas, tiene suficiente. El tercero no durmió más de cinco minutos seguidos ni de día ni de noche hasta que cumplió los 3 años; con el tiempo, se ha convertido en un ave nocturna, capaz de permanecer despierto hasta altas horas de la madrugada y luego dormir profundamente hasta bien entrado el día. Yo me dormía durante muchos años a las 10 de la noche y me despertaba con los primeros rayos de sol como si fuese un gallo. Cada persona tiene su propio ciclo y no es ni más ni menos anormal uno u otro.

Con el cansancio del día, las actividades más o menos agotadoras, cada uno tiene distintas necesidades y requiere más o menos tiempo reparador de sueño.

También es cierto que, con la edad, las personas dormimos menos porque nuestro cuerpo fabrica menos melatonina (la glándula pineal productora de esta hormona con la edad se calcifica reduciendo por ello su elaboración), esta es una de las razones de muchos insomnios y su solución es obvia: aceptar el hecho y, si tu médico lo cree oportuno, tomar comprimidos de esta hormona que ayuden a regular los ciclos circadianos.

Un día, dos, incluso tres días de insomnio o, mejor dicho, de dormir menos, no tendrían que preocuparnos. Muchas veces no estamos cansados y, sin embargo, nos obligamos a ir a dormir a determinada hora porque esa es nuestra costumbre.

Es entonces cuando entramos en un círculo vicioso de preocupación que nos impide relajarnos. Es ahí donde empezamos a crear de la falta de sueño un problema; es ahí donde nos obsesionamos y donde nos impedimos dormir. Estamos tan pendientes del “supuesto problema” que lo único que conseguimos con esa fijación es convertir el “supuesto” en “verdadero”.

También es imposible dormir si tu cabeza está ocupada en mil y un pensamientos, aunque siempre existe la posibilidad de tomar melatonina y, en ocasiones, es bueno hacer uso de ella (duelos o temporadas muy estresantes). Lo conveniente es aprender a relajarse y la mejor manera es aceptar que no se puede dormir y emplear ese tiempo en algo realmente productivo, en algo que te guste.

Cuanta menos importancia le des al insomnio, más fácilmente desaparecerá.

Si tienes alguna duda o te interesa tratar algún tema en concreto puedes contactar conmigo por teléfono o correo electrónico.